Teoría Política : El futuro de la democracia de Norberto Bobbio.
Bobbio nos indica, más que una democracia ideal, los caminos para ampliar y mejorar la democracia, para la democratización del conjunto de la sociedad.
Por Gonzalo ÁLVAREZ FUENTES*
En su libro “El futuro de la democracia” Norberto Bobbio nos adentra en los principios fundamentales de la democracia a través de las dificultades que presenta o ha presentado ésta con respecto a sus principios angulares o bajo los parámetros que fue concebida y que se han ido desarrollando con el devenir histórico.
Es por este motivo que el escrito de Bobbio posee un carácter realista, que a simple vista podría parecer pesimista, pero que en realidad nos entrega una acuciosa descripción teorética y práctica de la democracia en toda la extensión del término; así presentado, los juicios suscritos por Norberto Bobbio no intentan idealizar un modelo democrático ni vaticinar el futuro de la democracia sino que más bien nos invita, como el mismo lo señala, a observar ciertas tendencias que determinarían eventualmente el desarrollo democrático a partir de los principales obstáculos y “falsas promesas” que presenta. En definitiva a través del texto, Bobbio analiza los problemas teórico-prácticos de la democracia, las dificultades para cumplir las llamadas “promesas”; además confronta el principio de democracia representativa con el de democracia directa, analiza, también, el no siempre tan natural binomio liberalismo – democracia; sustrayendo de todo esto la necesidad de asumir los plenos valores y procedimientos democráticos, como a su vez dotar a la democracia de contenidos avanzados capaces de sortear las dificultades que presentan las determinadas circunstancias históricas.
El futuro de la democracia
En cuanto a las “falsas promesas” enunciadas por Bobbio, cabe señalar que en primer término la democracia se concibe como la relación directa entre Estado e individuos(1) , sin la existencia de cuerpos intermedios. Sin embargo la realidad nos ha mostrado lo opuesto, los grupos, y no los individuos, se han convertido en sujetos políticos relevantes, vale decir, las organizaciones, los sindicatos, los partidos políticos, han sido los articuladores o mediadores entre el Estado y la sociedad. Por lo tanto podemos extraer: a) no son los individuos (como se pensaba al concebir la democracia moderna) sino los grupos los protagonistas de la vida política en una sociedad democrática y; b) no existe un poder soberano único sino el pueblo dividido en grupos contrapuestos, en competencia entre ellos, con una autonomía relativa respecto al gobierno central. En definitiva existe, acuñando el término de Robert Dahl, una poliarquía, una democracia pluralista, que en definitiva provoca un distanciamiento entre poder – sociedad o más bien entre individuo y democracia no cumpliendo de esta manera el modelo democrático originario (ideal).
Aunque no pareciera caber duda alguna de la caracterización realizada por Bobbio acerca de que la existencia de diversos grupos mermarían los ideales democráticos y se transforman en una promesa no cumplida, también cabe preguntarse si estos grupos amenazarían la existencia misma de la democracia; Bobbio responde de manera optimista al señalar que: “la existencia de grupos de poder que se alternan mediante elecciones libres permanece, por lo menos hasta ahora, como la única forma en que la democracia ha encontrado su realización concreta”. Sin embargo podemos acusar esta afirmación de autocomplaciente ya que al no poder prever el futuro nada nos garantiza que las democracias no sufrirán cada vez mas las amenazas de los grupos, por ejemplo, de intereses económicos transnacionales. Por consiguiente sería coherente añadir la variable del crecimiento a escala global del mercado. Profundizando la variable económica y en relación al individuo – Estado, podría decirse que la propiedad individual no le confiere al individuo un carácter totalmente autónomo ya que si afirmamos la existencia de ésta (propiedad individual) también deberíamos afirmar la igualdad de medios y condiciones para producir, es decir, el individuo no produce la totalidad de los bienes necesarios para su subsistencia y por lo tanto debe articular sus intereses con otros individuos, creando formas de dependencia recíproca e incluso sometiendo a otros para garantizar su subsistencia, para esto el individuo agrupado en alguna organización de diversa índole intenta alcanzar el poder o influir en él para servir a sus intereses estableciendo las reglas del juego que más convengan a su organización en la competencia entre grupos contrapuesto; bajo esta argumentación, una democracia donde no exista aislamiento entre individuo y Estado sólo sería concebible en la medida que los individuos pudieran satisfacer por sí solos todas sus necesidades; o en caso contrario, que los medios para satisfacer esas necesidades pertenezcan a la sociedad en su conjunto.
El mismo criterio que he argumentado más arriba es aplicable en cuanto a la representación de intereses particulares por sobre el interés general de la nación. También podría señalarse que para mantener una estructura democrática de dicha forma, en atención al interés general de la nación, manteniendo las estructuras económicas capitalistas, no sería posible y de haber intentos (y si los ha habido) no serían más que fenómenos de tipo populista (2), es decir, fenómenos que tienden al interés general de la nación pero que en el fondo no son más que grupos de elite que pretenden articular sus intereses con los de la sociedad en general y que terminan por fracasar al momento de ceder a los intereses de uno u otro grupo social.
Otro aspecto, el “espacio limitado”, versa sobre el mayor o menor grado de democratización de las sociedades, considerando la presencia de una mayor democracia a través de la existencia de adecuadas instancias de participación. Sin embargo para concebir una mayor participación en todos los niveles de las organizaciones sociales, tendría el estado que intervenir en asuntos de índole privado con el fin de democratizarlos, poniendo en riesgo las relaciones democracia – individuo.
Por otra parte el reconocimiento de un “poder invisible” pone en serio los principios democráticos del poder gubernamental. En este sentido el argüir a la “Razón de Estado” o la subsistencia en democracia de los arcana imperii implica la reducción de la expansión democrática y por lo tanto un menor control hacia el poder por parte del ciudadano. Esta apreciación posee una validez moral si es que se quiere manifestar en la praxis los principios democráticos, sin embargo presenta algunas controversias desde la óptica de la conservación del Estado y de la estabilidad política ya que muchas veces si es que se quiere mantener la gobernabilidad o el equilibrio democrático se debe apelar al uso de mecanismos oscuros, que no serían sometidos al control público, entrando en contradicción con lo principios democráticos pero con el fin de preservar la estabilidad del sistema y por ende de la democracia; desde la perspectiva maquiavélica ésta sería una acción loable siempre y cuando se ajuste a preservar el interés general de la nación.
En cuanto a los obstáculos y limitaciones que presenta la democracia cabe señalar que la complejidad de los modos y usos sociales que ha acarreado el desarrollo histórico, sobre todo a través de las dificultades provocadas por la existencia de mercados dinámicos y diversificados, han dificultado la participación democrática del hombre medio ya que debido ha dichas complejidades se ha recurrido a expertos, elitizando aún mas la participación democrática. Otra limitación dice relación con el excesivo aumento del aparato público, de la burocratización del Estado, por ente poco controlable y fácil de corromper; también encontramos como limitación a la democracia, la manipulación de la participación política (a través del clientelismo por ejemplo); y el “escaso rendimiento” de la democracia en cuanto a la sobrecarga de demandas lo cual genera ingobernabilidad al no estar el sistema capacitado para dar las respuestas necesarias.
Finalmente Bobbio nos señala que pese a estas dificultades y promesas no cumplidas, la democracia no se encuentra en crisis o en peligro de desaparecer sino que al contrario, señala, que los regimenes democráticos han aumentado progresivamente. También nos señala, al igual que lo manifestara Robert Dahl , que no existe guerra entre países democráticos; aunque bastaría con mencionar las intervenciones norteamericanas en diversos países latinoamericanos para refutar esta tesis, tal vez sería mas apropiado señalar que no hay guerra entre potencia democráticas ya que sus intereses se encuentran bien resguardados.
En lo que respecta al tema de la democracia representativa y la democracia directa o el ideal de autogobierno popular directo, Bobbio nos señala que los dos grandes instrumentos de la democracia directa son la asamblea cívica abierta sin intermediarios y el referéndum de exclusiva iniciativa popular. Sin embargo esto presenta un problema para la sociedad de masas ya que lo anterior solo es posible en comunidades pequeñas (como las polis griegas). Sin embargo Bobbio no reniega de la democracia directa ni la contrapone a la democracia representativa sino que más bien utiliza la primera para complementar a la democracia representativa. Como ejemplo de esto podemos ver las iniciativas, en la mayoría de las democracias del mundo, de modernización del estado y de la gestión pública a través de temas como la descentralización o la participación local.
En cuanto al binomio que se da entre liberalismo y democracia, Bobbio señala que esta no es una relación tan natural como se piensa y que presenta una serie de dificultades (como las mencionadas más arriba) aunque reconoce la existencia de la democracia sólo en comunidad con el liberalismo. La tensión que se da entre liberalismo y democracia se da principalmente en las dificultades para armonizar la libre competencia del mercado con la aspiración igualitaria (por lo menos en teoría) que la democracia trae consigo. Además Bobbio reconoce que no existe una sola tradición liberal, sino que coexisten varias: unas más cercanas a la justicia social y otras más del lado de la libre competencia y la iniciativa individual, una más cercana a la izquierda (Estado benefactor, mercado regulado) y otra más cercano a la derecha (Estado mínimo, máxima libertad a las fuerzas del mercado).
Para finalizar podemos indicar que el análisis de Bobbio da cuenta de las dificultades que ha tenido que sortear la democracia, en cuanto a sus principios originarios, con respecto a las vicisitudes de la realidad para lo cual se ha tenido que ir adaptando a las circunstancias llegando así a un tipo de democracia centrífuga y policéntrica, pluralista y competitiva. Con esto Bobbio nos indica, más que una democracia ideal, los caminos para ampliar y mejorar la democracia, para la democratización del conjunto de la sociedad.
* MIEMBRO de CIUDAD POLITICA. Chile.
Notas
(1) Esta concepción se explica a partir del cambio del concepto orgánico de sociedad existente hasta la época feudal y el paso hacia una sociedad individualista de tipo secular.
(2) Entendiendo el populismo como un fenómeno de masas que cruza de manera transversal a todas las esferas sociales e ideológicas de la nación. (nota personal).
(3)Robert Dahl, La democracia: una guía para los ciudadanos, Madrid, Taurus 1999.
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